Se acabó
Redactado el 29 de noviembre del 2009 por FittiSe acabó, este es el último post. Y con el también morirá Fitti.

Se acabó, este es el último post. Y con el también morirá Fitti.

El aburrimiento de esta dura tarde de domingo ha hecho mella y he acabando haciéndome un Twitter de esos.
Aun no tengo claro cuando estoy hablando yo y cuando me responden pero espero conseguirlo.
¡Entrar!
No mezcléis atún con Burn (o Red Bull), no es una buena combinación.
No fumo. Hasta aquí esta claro. No lo hago y hasta me siento orgulloso de no hacerlo… Pero aunque parezca mentira no fumar tiene sus inconvenientes. Sin ir más lejos, una rubia despampanante chica me acaba de pedir fuego y yo no he podido hacer otra cosa que decirle “Lo siento, no fumo”.
¡Y lo peor de todo es que encima habrá pensando que era le estaba mintiendo!
Lo primero que se me ha ocurrido mientras subía en el ascensor es que debería llevar un mechero para casos de emergencia (como en esta situación o cuando se va la luz…), entonces me he dado cuenta que también podrían pedirme un cigarro…
Hace mucho tiempo, alguien me dijo:
Yo soy yo y mis circunstancias. José Ortega y Gasset
Y yo me lo creí. No lo dudé, no lo hice hasta hace poco. ¿Seguro que no es nuestro carácter, nuestra personalidad o nosotros mismos lo que hace que tomemos unas decisiones u otras?
¿Las circunstancias definen el carácter o el carácter define las circunstancias?
Ahora, mientras volvía del gimnasio y callejeaba por Barcelona, al intentar tomar una esquina me he encontrado con un guardia que al verme me ha dicho con gestos: “tu, aquí”.
Lo primero que hecho ha sido intentar escapar, pero el tenia un helicóptero y corría más. Como no tenia más remedio le he hecho caso y he parado delante. El guardia ha dicho algo asi: “Pase por encima de la acera. Cuidado con las manchas que todas son de aceite. No se me caiga”. Al oir esto me he quedado a cuadros pero si la autoridad pide que circule por la acera… yo circulo por la acera.
Al final he descubierto el porque. La calle entera estaba mojada, pero no de agua, era aceite. No se de donde había salido pero eran 200 metros de calle recubiertos de aceite y por eso el guardia ha preferido mandarme por la zona segura, la acera.
Creo que las palabras “lo siento” y “perdón” están perdiendo su significado, hasta el punto de que ya no significan nada. Ahora suenan a escusa barata, a “pasemos a otra cosa” o a “lo volveré a hacer”.
Decimos “lo siento” si pensarlo, sin sentirlo. Es un acto reflejo, es como cuando alguien estornuda y decimos “Jesús”. Ya no hay arrepentimiento, ya no hay corazón.
La acción de perdonar conlleva la existencia de las siguientes situaciones o hechos:
- Existencia de una ofensa de cualquier tipo;
- Conocimiento de la ofensa por el ofendido, por la “confesión” del propio ofensor o por otros medios;
- El perjudicado por la ofensa se siente ofendido;
- Se modifica la actitud del ofendido hacia el ofensor (resentimiento, situación de enfado);
- (eventualmente) conocimiento por el ofensor de la afectación de las relaciones entre ofensor y ofendido;
- (eventualmente) el ofensor siente y/o manifiesta su vergüenza y/o arrepentimiento;
- (eventualmente) el ofensor reconoce su culpa y/o solicita el perdón;
- El ofendido concede el perdón, pleno o parcial, condicional o no;
- Recomposición más o menos completa o parcial de las relaciones entre ofendido y ofensor.
El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida. Quien la olvida no perdona, pues no adopta una decisión de perdonar. Tampoco perdona quien no se siente ofendido por lo que otras personas considerarían una ofensa.
Llegó septiembre. Y con el la vuelta al cole… y al gimnasio.
Hoy, mientras salia de las duchas he visto algo curioso… Ahí estaba ella, mirándome desde las alturas para mantenerse escondida. Era una, una… ¡MORSA!
Obviamente no estaba viva, ni siquiera era de verdad, era de juguete. Algún crío se la habría dejado olvidada después de la ducha.
Vosotros no lo se, pero yo sigo aquí. Vivo, que no es poco.
No me lo puedo creer, he cometido un delito, un crimen, he pecado…
Todo empezó hace algunos días, cuando me apunte al gimnasio. Mi di cuenta que con música heavy se descarga más rabia y más adrenalina. Pero claro, yo solo tenia mi móvil como MP3. Primero pensé en un brazalete de deporte para el móvil pero con lo tocho que es el N85 no iba a estar muy seguro en el brazo mientras este va por aquí y por allí. Entonces… ¡caí! Acabé comprando un Ipod Shuffle de lo más pijo, 75 euros por 4Gb y no tiene ni botones ni nada de nada. Un robo, vamos.
Encima la pronunciación de los títulos de las canciones es un tanto extraña y que siempre obligue a usar Itunes (también llamado atunes por mi) es una de las cosas que me hacia odiar a Apple.
El cacharro tiene un botón de encendido que sirve para elegir modo aleatorio o continuo y en el cable hay un control de volumen con un botón central (+, – y botón central). Un click del botón central es pausa, 2 es siguiente canción, 3 es canción anterior. Si aguantas pulsado el botón central te dice el nombre de la canción y si esperas al “pip” puedes cambiar de lista de reproducción. Ah! Y tiene un led que parpadea al tocar cualquier botón que te dice el nivel de carga, o enciendes y apagas el iPod rápido y te lo susurra al oído…
En fin, ya esta hecho.
PD: Es gris oscuro. Kuder, mañana sin falta.